miércoles, septiembre 12, 2012

Un once desubicado

Partir diciendo que parece inaudito el juego de un partido de fútbol en tan solemne ocasión sería poco. Se agradece sin embargo la victoria colombiana ¿Se imaginan a las multitudes de Chile un once de septiembre celebrando en las calles, ocupando las grandes alamedas, gritando a la victoria deportiva, al tiempo en que son acalladas las voces de la melancólica memoria y apagadas sus velas, por culpa de aquellas mismas multitudes, incapaces de mantener viva la historia? ¡Allende, sacúdete en tu cripta!
 y que se revuelquen en su tumba todos los hombre, mujeres, niños y ancianos, asesinados en dictadura, detenidos desaparecidos, torturados y exiliados, y si aún no están bajo tierra lloren solos en casa, a sus familiares y amigos, a sus parejas, a sus hijos, lloren solos porque están solos y a Chile no le importa. Suerte nuestra que hayamos perdido, probablemente hubiese sido un día más triste si hubiésemos “ganado”.

Se torna inverosímil el recuerdo nostálgico de las cadenas televisivas en conmemoración a la caída de las torres gemelas y la nula o inexistente revisión de nuestro propio pasado en una necesaria y ponderada cadena nacional, considerando el peso histórico que tiene para nosotros la misma fecha. Olvidar el once de septiembre es como olvidar el 21 de diciembre (fecha de la matanza obrera en la escuela Santa María de Iquique), el 18 de septiembre o el 21 de mayo. La presencia y actualización de estas fechas para recordar la historia es fundamental en la construcción de nuestra propia identidad nacional, tan huidiza y dispersa en un mundo globalizado, y que de tan pocos pilares se sostiene si quitamos un par de vigas inventadas (o quizá, culturalmente necesarias) dispuestas hace siglos o decenios por las oligarquías preponderantes. La sobre explotación de noticias que no lo son (comparadas con la noticia que es en si misma la fecha que nos ocupa), como las “famosas muertes” de la última semana o los escándalos menores de la farándula nacional, no dice nada bueno de la decadente identidad chilena y se evidencia como un antecedente impresentable a la hora de pretender la postulación al tan ansiado primer mundo (al que imploramos recuerde el holocausto para siempre).

2 comentarios: