y que se revuelquen en su tumba todos los hombre, mujeres, niños y ancianos, asesinados en dictadura, detenidos desaparecidos, torturados y exiliados, y si aún no están bajo tierra lloren solos en casa, a sus familiares y amigos, a sus parejas, a sus hijos, lloren solos porque están solos y a Chile no le importa. Suerte nuestra que hayamos perdido, probablemente hubiese sido un día más triste si hubiésemos “ganado”.
Se torna inverosímil el recuerdo
nostálgico de las cadenas televisivas en conmemoración a la caída de las torres
gemelas y la nula o inexistente revisión de nuestro propio pasado en una
necesaria y ponderada cadena nacional, considerando el peso histórico que tiene
para nosotros la misma fecha. Olvidar el once de septiembre es como olvidar el
21 de diciembre (fecha de la matanza obrera en la escuela Santa María de
Iquique), el 18 de septiembre o el 21 de mayo. La presencia y actualización de
estas fechas para recordar la historia es fundamental en la construcción de
nuestra propia identidad nacional, tan huidiza y dispersa en un mundo globalizado,
y que de tan pocos pilares se sostiene si quitamos un par de vigas inventadas
(o quizá, culturalmente necesarias) dispuestas hace siglos o decenios por las
oligarquías preponderantes. La sobre explotación de noticias que no lo son
(comparadas con la noticia que es en si misma la fecha que nos ocupa), como las
“famosas muertes” de la última semana o los escándalos menores de la farándula
nacional, no dice nada bueno de la decadente identidad chilena y se evidencia
como un antecedente impresentable a la hora de pretender la postulación al tan
ansiado primer mundo (al que imploramos recuerde
el holocausto para siempre).
la gente tiende a olvidar que el tremendo Sergio Livingstone falleció en aquel maravilloso once.
ResponderEliminarja ja ja
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