Tener un problema con el carácter eminentemente festivo de
cada marcha gay que ha habido en Santiago no significa ser amargado o resentido.
Es el resultado de un análisis un poco más profundo de este fenómeno cultural
que poco a poco –pero cada vez con más fuerza y una convocatoria mayor- se ha
ido consolidando en nuestro país. Dos veces al año miles de personas salen a la calle, levantan banderas de colores y marchan al ritmo de lo último del pop o electro gringo, siguiendo carros llenos de especímenes que no se suelen ver durante el día por la Alameda. Partamos intentando responder la siguiente pregunta desde nuestra realidad o la de nuestros amigos: ¿qué es la marcha gay? No mucho más de lo que acabo de describir. Un panorama de sábado en la tarde, con música, elementos llamativos que observar, gente alegre, la posibilidad incluso de encontrarse con alguien conocido que anda en lo mismo. Retrocedamos unos meses, a Marzo de este año ¿qué pasaba en la misma ciudad donde ahora salimos a celebrar? Daniel Zamudio estaba en coma inducido, intentando sobrevivir tras el terrible ataque del que fue víctima. El desenlace de esa historia todos lo conocemos –en gran medida gracias a la utilización mediática de esa muerte- pero no nos enteramos del gran número de casos como ese que ha habido y sigue habiendo cada día. Golpizas a travestis afuera de estaciones del metro, amenazas de muerte a menores de edad, hombres que les pegan a sus mujeres, personas que pierden sus trabajos porque sus jefes se enteran de que no son heterosexuales, y así podría seguir y difícilmente terminar de enumerar situaciones en las que son violados derechos básicos, por causas relacionadas con el género y la sexualidad.
Chile no es un país en el que sea tan fácil vivir
orgullosamente de no pertenecer a la mayoría –en todo orden de cosas-, tampoco
donde la diversidad sea realmente respetada y menos aún celebrada. El llamado
no es a quedarse en la casa pensando todo esto, creyendo que nunca va a cambiar
y que mejor si soy gay me voy a otro país donde las cosas estén un poquito mejor,
sino a re-significar esta instancia mal llamada "Marcha por la Diversidad" o por
el "Orgullo Gay". A no quedarse con los estereotipos sexuales que muestra y a hacer
notar que así como cada ser humano es diferente, encasillar a toda la población
no-heterosexual en una masa multicolor y apolítica es un error. Este
cuestionamiento afortunadamente encuentra lugar al final de la caravana, en un
espacio que emergió naturalmente -y que hoy ya se encuentra consolidado- llamado "La Otra Marcha". Es aquí donde los que le dieron otra vuelta de tuerca al
asunto –y encontraron más gente con la que organizarse- marchan con un ánimo
menos de carrete y más de protesta, alzando consignas, a mi juicio, mucho más
aterrizadas a la contingencia nacional, visibilizando problemáticas
relacionadas con el género desde una perspectiva mucho más amplia y elaborada. "La
Otra Marcha" partió como un espacio muy reducido pero cada vez va ganando amigos
y notoriedad. Incluso en el último mes se formó una coordinadora (CodiSex) que
pretende reunir y agilizar el trabajo entre las diferentes organizaciones
disidentes existentes.
Si usted lee Fisura y comprende su mensaje, probablemente esté contra todo establishment o por lo menos dispuesto a dudar, por eso la invitación es a informarse más sobre estas iniciativas en:
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